MARATÓN LA INVERNAL DE MOTORLAND, ida de olla

Autor: 
VANESA
Fecha Cronica: 
09/03/2017
Disciplina: 
Atletismo

Hace tiempo que no escribo. Demasiado. Mi última crónica fue la de Guara Somontano, crónica desde las entrañas debido a las circunstacias. Fue cuando ocurrió lo de Iván, y la verdad que desde entonces no he tenido la inspiración para competir, ni tampoco para escribir. Aunque va volviendo, poco a poco.

Me costó un poco encontrar la motivación en los ritmos. La carreras de fin de año pasaron sin pena ni gloria (ni merece la pena que hable de ellas), carreras en las que lejos de mejorar registros, los empeoré y bastante. Lejos quedaban esas primeras carreras cortas a ritmos frenéticos para mí. A finales de año, me propuse recuperar la rasmia perdida. Es cierto que me faltaban directrices, pero había que intentarlo. Poco a poco fui avivando ritmos, con la mente de mejorar en el roscón. Me automotivé con las coronas del strava. Eran una inmensa tontería, pero eso de meterme caña para intentar conseguir “coronas” y liderar segmentos de Zaragoza, parece que funcionaba como revulsivo.

Y surgió La invernal de Motorland. El año pasado Iván me habló de ella, corrió la maratón (de nuevo), la ganó, y hasta lo sacaron por la tele. Me penó no haber ido, porque al final se juntaron unos cuantos del grupo de entrenamiento y lo pasaron bien. Este año la idea era repartirnos las distancias entre Guada, Amelia, Jorge el Coletas, Alberto, Pilar y yo, atacar cada uno una de ellas e ir a tope. El jamón de premio motivaba que no veas. Y en mi caso, la distancia asignada era… la maratón. No suelen ir chicas, y como persona machacona y persistente, y cabezuda, muy cabezuda, seguro que la terminaba.

Se fue hablando de la idea, Amelia al final no podía ir, y en mi caso, había dudas de si se apuntaba alguna chica más “buena” a la maratón. En ese caso, mi participación estaba en duda. Apuré a última hora y finalmente, me la jugué, y me inscribí a la maratón, sabiendo que había otra chica apuntada, pero en duda de ir.

Llegó el día, y tras un madrugón considerable, emprendimos el viaje los cuatro (Jorge, Alberto, Pilar y yo) hacia Alcañiz. Nada más bajar del coche la ventolera nos recordó lo divertidas que iban a ser las vueltas del circuito. Ahí nos encontramos con Guada. ¿Las buenas noticias? Era la única fémina en la maratón, y eso me convertía en ganadora… si terminaba. Nos tomamos un café con Alberto “el lobo” y mientras tanto yo me ponía cada vez más nerviosa con la climatología.

Nos pusimos de acuerdo y nos vestimos de rusas. Calentamos un poco en la salida y a lo que quisimos darnos cuenta, arrancaron las pruebas. A Pilar y a mí nos pilló despistadas.

Guada tiró para adelante, junto con Jorge y Alberto corría los 5 km, es decir, una vuelta al circuito. Pilar iba a mi par y se desligó, corría la de 10 km, dos vueltas al circuito.

La primera vuelta fue buena: primero una subida, luego bajada en la que se podía aprovechar a recuperar el ritmo, giro, otra vez vez bajada, una recta interminable, giro a la izquierda y paso por meta. En la primera vuelta, Alberto me dijo que Guada había ganado, y que Jorge también. La idea original era que se fueran turnando para acompañarme un rato cada uno, pero resultó que los premios de las dos primeras pruebas (5 y 10km) los entregaban antes.

Emprendí la segunda vuelta. Guada me acompañó un rato. Veía a Pilar a lo lejos, tironeada por Jorge. Cuando volví a pasar por meta, me dijeron que Pilar había quedado tercera. ¡¡Cachis!! Y seguí mi camino.

Tercera vuelta, de momento seguía bien. Creo recordar que entonces me sobrepasó Agustín Moreno. Corría la media y llevaba un ritmo frenético. Yo ya había bajado un poco el mío. Volví a pasar por meta. Alberto me preguntó por Guada, llevaba las llaves del coche y no la localizaban.

Emprendí la cuarta vuelta. El viento soplaba cada vez más, y me tiraba hacia atrás en el primer repecho de subida. Pilar se puso a mi lado dándome ánimos “Mañaaaa qué cabecica tienes”. Oía a éstos chillar. Seguí a lo mío, correteando e intentando no flaquear. La idea no era hacer el mejor tiempo de mi vida, si no terminar lo mejor posible. Pero dentro de las 4 horas y media de límite. Y bueno, que había ganas de terminar.

 

En el repecho de subida me paré en el avituallamiento a beber y comer un poco. A lo lejos vi a una chica, de la media, y enseñándole mi dorsal le dije que no se preocupara, que yo era de la maratón. Iba flanqueada por varios compañeros, y siguió para adelante. El viento empezaba a ser un sufrimiento, y en las bajadas las piernas no podían ni con la copla.

Crucé por cuarta vez la línea de meta, llevaba ya 4 vueltas y 21 km. La chica de la media, que ya había terminado, me animó, y emprendí el solitario camino de las vueltas restantes. Solitario porque ya no quedaban apenas competidores: los pocos que estábamos en la maratón (entre ellos Alberto “el lobo”), patinadores, y algunos caminantes que animaban a nuestro paso.

El viento se fue recrudeciendo. Me frenaba por completo en cada subida, y me dejaba agotaba. Lamenté no haber llevado las gafas de sol, me lloraban los ojos. Prácticamente andaba en las subidas, y luego intentaba recuperarme en las bajadas.

No recuerdo la vuelta, pero en una de ellas me sobrepasó el primero de la maratón. Iba a buen ritmo, acompañado por una moto. La verdad que ya me había olvidado de que no era la única persona que corría la maratón.

Pensaba, pensaba mucho. Mientras daba vueltas al eterno circuito, luchando contra el cierzo, me acordaba de Iván. Esa prueba es en la que tendría que haber estaba presente, en la que seguro que hubiera estado presente. ¿Qué hubiera pensado de haberme visto en la prueba? ¿Que estaba loca de atar? Pero no, el que me sobrepasó no era un pelirrojo que corría a la velocidad del rayo. No, no estaba. Era… raro, extraño. Mientras oía soplar el viento, seguí pensando en lo extraño de la situación… aun habiendo pasado la friolera de 131 días. Supongo que llega un punto en el que te “acostumbras”, te habitúas. Pensaba en lo loca que estaba, en lo terca que era, y que para el año que viene me llevaba a Raúl el día de antes para que hiciera las pruebas ciclistas. Aunque lo mismo se cagaba en mí de la ciercera…

Me quedaban dos vueltas, me paré otra vez en el avituallamiento a beber un poco de agua y medio gel, guardando el resto en la caja de palmeras. “¿No quieres una palmera?” Uff, si me hubiera comido una palmera, hubiese tenido que correr a meta pero bien.

Los participantes a pie me animaban, diciendo que quedaba poco. Séptima vez que pasaba por meta, enseñé el dorsal para que me tuvieran en cuenta. “No te preocupes, has pasado tantas veces que te tenemos fichada”. El viento ululaba en mis orejas, mientras emprendía la última subida dura hacia el avituallamiento. Ni rastro de mi gel en la caja de palmeritas, así que eché un trago de agua, me rehice una de las trenzas, y para adelante. Por el walkie informaban de que el dorsal 1004, es decir, yo, proseguía.

Las piernas las sentía ajenas a mi cuerpo. Llegó un punto en el que ya no pensaba nada. La moto que acompañaba al primero me dio alcance, y me acompañó una vez que pasamos el avituallamiento. Cuando enfilaba la última recta antes de girar a la izquierda, visualicé ya la meta. A unos 200 metros de meta, empecé a oír a Guada chillar como una loca y a todos estos, y la vi, la bandera de cuadros, ondeando a izquierda y a derecha, mientras cruzaba el arco de meta por última vez. La sensación fue triunfal y de auténtico alivio. Y agotamiento, mucho agotamiento. Las dos semanas siguientes acusé el cansancio de carrera, no quise parar y al final acabé yendo al fisio para que me pusiera a punto (pero eso es otra historia).

Me fui a adecentar y poco después fui a la entrega de premios de la media y maratón, donde recogí la paletilla de jamón que me había costado 8 largas vueltas al circuito de Alcañiz. Ya después nos fuimos a comer todos juntos para rematar la buena mañana. Si no hubiera sido por la paletilla, era difícil creer que hubiera corrido: los de Antena Aragón no me sacaron por la tele, y para más inri ni me nombraron en la versión impresa del Heraldo de Aragón. Para mear y no echar gota. Ayssss… Vale que no tuviera competencia, pero qué puñetas, que las 8 vueltas bien que tuve que darlas.

Alberto (Aguirre) siempre me dice que le sorprende la cabeza que tengo para este tipo de retos mentales, cuando muchas veces las piernas fallan. Me veía y me sigo viendo como fondista, que no velocista, y admito que me gusta afrontarme a retos que impliquen horas y horas. Porque ahí toca muchas veces correr con la cabeza, y de casta le viene al galgo, y soy terca por partida doble, por parte de padre maño, y madre vikinga. Jorge el coletas ya no hace apuestas conmigo, porque lo mismo hago unos entrenos maluchos y luego lo bordo en carrera como todo lo contrario. Supongo que a la definitiva el estado anímico me influye, y ese día mis amigos me llevaron en volandas. Era imposible fallar.

Así que chicos, gracias. Gracias Alberto por tus buenas palabras. A Jorge el pequeñín por tus ánimos en estos meses, y por tratar de que en todo momento tuviera ilusión por seguir corriendo y compitiendo. Has hecho mucho, y por si no lo sabes, te lo digo. A las chicas de Teruel, Amelia y Guada, por ser tan sumamente majas y arrancarme siempre una sonrisa. A Pilar por tanto y tanto que empiezo y no paro. Mi conciencia, mi pepito grillo, mi cómplice en esas compras por internet para ir divinas de la muerte, jejejeje. Cómo no, a mi buen amigo Jorge el heavy. Gran amigo, mejor persona (¿hago un llamamiento a las damiselas, Jorge?). Cuando en el roscón me entraban dudas existenciales y le decía lo mal que lo había hecho, me recordaba las otras barbaridades que SI había hecho. Amigo, ahora te toca no perder la motivación a ti, e ir a tope por esas sub 3h en maratón. Estás fino filipino. A mi niño “apadrinado”, Edwart, jejejeje. Qué buen chaval qué eres. Te mereces el más brillante de los futuros.

Pocos días después, abrieron inscripciones para el Gran Trail Aneto Posets, y tras una dilación de una hora que hizo que me inscribiera ya en segundo tramo, me inscribí a la Vuelta al Aneto (no quería repetir Tucas), con los cánticos aterradores de los de mi club, “en Salenques bien de piedras” “Pedrolos como mi cabeza” “Corre, corre, vamos a hacernos una foto aquí porque no vuelvo en mi puta vida”. No, si al final me penará no haberme apuntado a la UTGS (Ultra Trail de Guara Somontano). Probablemente tenga que dormir debajo de un puente (los alojamientos estaban ya pelados desde antes de inscribirme), pero nadie dijo que fuera fácil, y seguro que merece la pena. Ana, a por esas Tucas.

Seguimos para adelante, a por nuevos retos, nunca mejor dicho.

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