Ultra Pirineu

Autor: 
Osquitar
Fecha Cronica: 
30/09/2017
Disciplina: 
Carreras de Montaña

Existe una ruta montañera por el Parque del Cadí-Moixeró que enlaza 8 refugios. Se denomina Cavals del Vent. A partir de ella se creó una ultra que hace unos años se convirtió en la Ultrapirineu. Por noviembre debes preinscribirte si quieres participar. Así lo hicimos tres compañeros de esto de los ultras: Jordi, Gorca y yo. Pensando, evidentemente, que llegada la fecha estaría preparado y entrenado para correrla, a mi nivel y con mi pretensión: acabarla en un tiempo digno sin pasar apuros por los cortes horarios, con esa mezcla de cansancio contenido, lógico por el esfuerzo, y disfrute de la aventura. Pero no.  Este año, entre pitos y flautas,  había entrenado menos kilómetros y menos desnivel. 

Así me planté en Bagá, a las 7 de la mañana del 23 de septiembre. Algo más inquieto que de costumbre, porque tenía dudas sobre cómo iba a responder. Salimos desde atrás, íbamos a ir tranquilos y no era cuestión de colocarnos por delante para ver cómo nos pasaban hordas de participantes. En total había 1.099 corredores apuntados y 950 en la salida.

 

 

Nada más salir se encara una subida en dos partes de unos 1.800 metros, lo que viene a ser un “Collarada” pero por mejor terreno. Nos inquietaban los dos primeros cortes. Había que ir sin dormirse. Pero una vez se abandona la carretera y se empieza a subir por camino y senda, se empezaron a montar unos tapones de espanto. De estar parados. Llegó un momento que pensé que a este paso no llegábamos en tiempo al primer corte. Pero bueno, al final se fue estirando la cosa. El entorno era bonito y la subida más bien tendida aunque mantenida.

El primer refugio es el de Rebost. Paramos poco y continuamos ascendiendo. Transitábamos por la Sierra de Cadí-Moixeró, un tramo muy bonito en el que se ve enfrente el suave cordal de pastizal que tendríamos que recorrer. Al llegar a él vimos a lo lejos al frente el Niu de L’Aliga. Al llegar, nos recibió un vientecillo frío. Y es que está plantado en todo lo alto. Vaya sitio para colocar un refugio…Así que tras avituallar, rapidito para abajo, que tocaba descender.  

 

 

La bajada es rápida en su inicio, bonitas las vistas de los valles circundantes. Luego se pasa por uno de los tramos más técnicos del recorrido. Jordi me dijo que iba a andar,  y yo seguí trotando suave. Gorka se había lanzado un poco más alegre. Hay un paso equipado con cuerda en el que se montó otro tapón poderoso y nos volvimos a ver las caras los tres, separados por otros corredores en una cola de decenas de metros. Casi siempre en bajada, y pasado el tramo técnico ya por terreno cómodo, llegamos al Refugio del Serrat Gorca y yo. Salimos hacia Bellver, primera base de vida.

 

Se sube un poco y luego toca bajar. El descenso hacia el pueblo tiene un tramo muy bonito de sendero entre bosque, pero plagado de troncos y ramas caídas, que convierten la progresión en una carrera de obstáculos que se salvan por arriba, por abajo…Luego se hace algo largo el llaneo a Bellver. Llegamos en 8h. de carrera. Nos hicieron control de material. Era el kilómetro 40. Ganábamos 1h. 30’ al corte. Estábamos animados. Pero ya sentíamos que la cosa se iba a hacer larga. 

 

 

 Paramos un rato a comer en las mesas dispuestas a ello, sentados. Jordi no aparecía, y cuando ya nos íbamos, le vimos entrar, con barrete en la cara. Pero no, no era barro, que era sangre. Resulta que se había golpeado con uno de los troncos. Nada importante, pero la pequeña raja había manado lo suyo. Dijo que se quedaba nos 20’, así que nosotros salimos ya, tranquilos. No iba fino, había tenido un esguince  10 días antes y los ibuprofenos le habían fastidiado el estómago.

 

 

La segunda parte de la carrera hasta Gosol era una subida en tres partes (700, 900 y 500)  y luego un largo descenso hasta dicho pueblo. Pensamos que se iba a hacer duro, pero había que ir tramo a tramo.

 

 Habían dado posibilidad de algún chubasco, poca cosa. De momento parecía que nos íbamos a librar, pero al encarar por segunda ocasión la Sierra del Cadí-Moixeró, esta vez por su cara norte, apareció alguna nube oscura y amenazante. Nada, falsa alarma.

 

Encaramos la subida al Refugio de Cortals.  Los kilómetros pesaban más que otras veces. Nos dimos cuenta que no íbamos ganando mucho al corte. 

 

Salimos hacia el Refugio de Aguiló. Subida “perreta”, terreno rocoso, me adelanté un poco a Gorca. No iba fino. Había que intentar llegar al refugio sin poner el frontal. Bajada y corta subida. Se hizo largo este tramo. Le esperé unos minutos en el refugio. Habíamos superado las subidas más largas. Nos dábamos ánimos, pero sabíamos que aún quedaba tajo, y bastante. Pero no íbamos a reblar mientras no tuviéramos problemas físicos.    

 

Ahora nos tocaba afrontar la subida al Pas des Gosolans. No muy larga pero empinada subida, dura. Puse la marcheta, me sentía bien de fuerzas subiendo a un ritmo quizá más tranquilo que otras veces pero que mantenía sin problemas. En lo alto me tomé un respiro mientras llegaba Gorca. Luego llaneamos entre la niebla un por terreno desnudo de vegetación en el que había que ir atento a las balizas, para luego lanzarnos hacia abajo a Gosol, descenso largo. Pero todo llega.  

 

Llegué a Gosol a las 16h. 20’ de carrera. Estábamos ralentizando el ritmo. Habíamos pasado el segundo tercio de carrera. Tal y como estaba la cosa, se trataba ya de intentar seguir poco a poco, pero sin tonterías, que no íbamos sobrados de tiempo.

 

Al salir de Gosol nos esperaba un sube y baja y una subida corta más empinada, al Refugio de Estasen. Tanto subir y bajar, creíamos que la subida era la última y nunca lo era. Se hizo larga porque pasamos un cartel que marcaba 0,5 kms. Y resultaron ser 1,5. Dos compañeros con los que me junté dijeron lo mismo.  Parado en los refugios me quedaba frío. Había que seguir sin pausa. Salimos los dos juntos. Yo lo tenía claro, íbamos a acabar.

 

El siguiente tramo era una bajada técnica, rocas y barro resbaladizo. Unos 3,3 kms. Pero muy lentos, me parecieron el doble. Había que ir despacio. Pasé a algunos corredores aún más torpes que yo. En el Refugio de Gresolet nos reagrupamos. Me daba igual el tiempo, no había venido a por un buen crono. Estábamos acumulando retraso, pero la cosa era llegar a tiempo.

 

Tocaba de nuevo subida, y luego la bajada a Vents. Intenté poner un ritmo llevadero. Intentábamos ir charlando, pero al final nos separamos en la subida. La bajada de Vents es una bajada tendida, corrible. Me obligué a trotar, pues podía y se podía. Y los kilómetros no pasaban tan lentos.  Nos plantamos en Vents a los pies de la última subida fuerte, a San Jordi. Sólo nos quedaba una subida importante. Ya veíamos cercano el final.

 

 (Vosotros también veis clarísima la cara en la roca ¿verdad? Yo en directo la vi, mirándome fijamente)

 

Salimos más animados para afrontar la subida por Els Empredrats. La subida del río, que habíamos oído hablar tanto. Se atraviesa un torrente ene veces…vadeando sobre piedras. Este tramo se hace largo, pues pasa el rato y avanzas poco. Una vez dejas de atravesar el río, la subida se  empina más. Gorca se puso delante un rato, íbamos con dos corredoras, pero  que en la subida tiraron para arriba dejándonos atrás. Amaneció.  Alcancé  a una de las corredoras, una argentina que ganaría en la categoría master. Esta subida se nos hizo interminable. El refugio no llegaba nunca. Pero al fin, San Jordi. Íbamos a llegar. Llevábamos 25h. Quedaban 4 h. y media para el corte.

 

Cuando llegó Gorca le convencí para salir pitando en cuando avituallara. Hacía frío. Me puse la tercera capa para el tramito de descenso antes del ascenso final que era de 200 metros. Esta última subida la hice a ritmo alegre. Al llegar al collado, me quité dos capas y me quedé en manga corta.

 

 

Los 10 últimos kms. eran de descenso por buena pista y luego asfalto. Ya fuimos juntos todo el rato, lo trotamos casi entero. Cuando el pueblo lo tienes a dos kilómetros te desvían por senda que la verdad, a esas alturas fastidió un poco. Llegamos a Bagá por el camping. Aún quedaba 1,5 kms. hasta llegar al arco de meta, tras callejear y bajar algunas escalones por las calles del pueblo. Al final invertimos 27h. 10’. Reto conseguido.  Si en un ultra la cabeza y el corazón son igual de importantes que las piernas, en este lo fueron más.

 

 

 

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