MARATÓN DE SAN SEBASTIÁN

Tricas
Atletismo
29/11/2021

 Han sido meses muy complicados para los eventos deportivos pero poco a poco todo va volviendo a la normalidad. Las pruebas van reapareciendo en el calendario y en esta última parte del año se han aglomerado muchas en las ciudades más importantes. En principio no tenía pensado participar en ninguna de ellas pero un día recibí una llamada y no pude decir que no a tan suculenta oferta: Ser liebre del Maratón de San Sebastián

En 2019 ya pude ejercer dicha función. Las cosas no salieron tan bien como me hubiera gustado por diferentes motivos (Aquí os dejo mi primera experiencia en el Maratón de San Sebastián). Era la oportunidad de resarcirme.

Mi misión era liebre de SUB3. Una responsabilidad muy grande. Como ya sabéis, popularmente se dice que bajar de 3 horas en maratón es como subir en escalafón en esto del deporte popular. Llevaba varios años sin entrenar a los ritmos exigidos en estas lindes. Además, estoy preparando la prueba de ultrafondo 24 horas de Can Dragó y la preparación es totalmente diferente. Las dudas eran bastante palpables pero me agarré a mi experiencia y a algo que nunca falla: Cruzar los dedos.

 

Respaldados por los guerreros

Me presenté en Donostia con mi fiel compañero Lorenzo (Una liebre con solera) y Fran, nuevo adicto a esto de la distancia reina. Ya de camino en coche tuvimos que lidiar con un temporal de nieve y una vez llegamos a la capital, la lluvia fue una compañera inseparable. Se avecinaba una carrera épica.

Minutos antes de la salida, el agua caía ferozmente mientras las liebres nos resguardábamos en el esplendido estadio de Anoeta (Reale Arena). Con arenga incluida en manos de Josetxo, manos unidas, grito de guerra y salir al ruedo. 

Me puse en el cajón correspondiente con mi compañero Alberto. Es un corredor bastante veterano y conocido en la ciudad así que no podía estar mejor respaldado. Nos ponemos la mochila a la espalda con el banderín ondeante. 3, 2, 1 y a correr. Enseguida cogemos el ritmo deseado (4:15) pero al cabo de los pocos minutos estoy notando una molestia en la espalda. Algo me está rozando. Decido intentar arreglarlo pero lo que consigo es romper la mochila. Primer contratiempo. Decido coger el banderín con la mano y emular a Osaka en los Juegos Olímpicos de Tokio. Eso si, lo suyo fueron unos pocos metros y a mi me quedan 40 kilómetros.

 

Concentración antes de la batalla

La primera parte de la carrera voy muy concentrado. Con muchas dudas de poder ejercer bien mi trabajo porque siento las piernas muy pesadas. Me entran muchas dudas, además, estamos llevando un ritmo un poco más alto de lo normal (Unos 3 segundos por kilómetro). A la hora de carrera empezó a caer chuzos de punta. Nos hubiera venido muy bien llevar unos limpiaparabrisas en la cabeza. Además, la parte de la playa de la Zurriola el viento era intenso. Imaginaros la situación con mi banderín en la mano. Un mezcla de epicidad y club de la comedia.

Según me fui encontrando con viejos conocidos como Luis y Javi, mi confianza fue creciendo y con ello, se fueron disipando las dudas. Pasamos la media en 01:29:17. Habíamos conseguido unos 40 segundos de colchón para la parte final. Me hubiera gustado haber ajustado mejor los tiempos pero con la climatología que nos acompañaba, mantener un ritmo continuo se antoja más complicado. Lo siento por los corredores a los que les haya podido influir negativamente.

Pasado el ecuador, mi compañero se cambió por Ibon. Piernas nuevas para acompañar a las mías. Aunque a estas alturas, me sentía bastante seguro de todo. Siempre me cuesta entrar en calor. Ahora era cuando mejor me encontraba.

Ajustamos mejor los tiempos aunque el clima seguía siendo bastante desfavorable. Al volver a pasar por Zurriola, el banderín de mi compañero se lo llevó el viento. No podíamos tener más infortunios.....o si.

Con respecto al grupo, seguía bastante compacto. Es una gozada llevar a tantos corredores. En mis anteriores experiencias de liebre tanto en San Sebastián como Pamplona, el número de componentes era bastante más escueto. Es una motivación más el poder llevar a tanta gente a conseguir sus objetivos.

Una vez que volvíamos a pasar la avenida de Tolosa, sabemos que solo es girar y ya es todo tramo favorable hasta la meta. Justo cuando pasábamos por el túnel, la guinda final al pastel. A mi compañero Ibon, que me había relevado en llevar el banderín con la mano, se le cayó al suelo. Pensé: -¡Que ahí se pudra! -. Me arrepentí en el momento, retrocedí y lo rescaté. No os podéis imaginar lo que cuesta agacharse en una situación así. Un pequeño sofoco en forma de sprint y vuelta al grupo. 

Serpiente Multicolor. Fotos del Diario Vasco

Serpiente Multicolor. Fotos del Diario Vasco

Cuando pasábamos por la Concha, decidimos separarnos. Ibon se puso al frente con los participantes que estaban más fuertes y yo me descolgué para quedarme con los que iban con las fuerzas más justas. Aquí es cuando las piernas empiezan a fallar. Se por experiencia propia que cuando te vas descolgando del grupo, los segundos empiezan a caer como una losa. Este es el momento de poner todo lo que tienes en tu mano e intentar que no se hundan. 

La verdad es que todos se comportaron como unos titanes y aguantaron hasta el final. Apretando los dientes y con la mente fría, consiguieron bajar de 3 horas. Me siento muy orgulloso de todos ellos, como no se rindieron y superando todas las adversidades que el día nos había deparado. ¡Sois muy grandes!

Por mi parte, una experiencia increíble. Empecé con muchas dudas y respeto pero se fueron disipando conforme pasaban los kilómetros y veía tanta gente detrás de mi. Es una autentica gozada. Como corredor siempre había admirado el trabajo de las liebres (La de veces que hasta me han empujado para que no me rindiera) y el vivirlo desde el otro prisma es aún más emocionante.

Espero poder ejercer esta función en otras muchas competiciones y seguir disfrutando de este magnifico deporte como es el atletismo.

¡GRACIAS PRIMO, VA POR TI!

Tiempo: 02:59:10
Clasificación general: 228
Participantes finalistas: 1007

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