Mis primeras carreras cortas

Autor: 
VANESA
Fecha Cronica: 
03/02/2016
Disciplina: 
Atletismo

Desde la jacetania, he tenido mis momentos por cosas que no vienen al caso ahora. El caso es que correr en estado puro se convirtió en mi mayor revulsivo y válvula de escape, ya que me permitía desconectar la mente por completo.

En diciembre, fui intensificando las salidas de los martes con los chicos del club, y paralelamente, decidí tomarme los entrenos medio en serio. Por eso empecé a bajar a entrenar con el grupo de Iván el pelirrojo. Yo no sabía quién era él hasta el verano, pero cuando supe de sus marcas, me dije… “Ay madre, en qué jardín te estás metiendo”. Pero qué narices, que empecé a entrenar. Había gente de todos los niveles y ahí fui cuando conocí a las temidas series. No nos engañemos, las primeras veces creí morir. Me reventaba y no lograba aumentar ritmos, el corazón me iba fatal… un auténtico poema de mujer. Pero ahí seguía yo, perseverante, lunes y miércoles, dándolo todo o lo que buenamente podía.

En plena vorágine, decidí apuntarme a tres San Silvestres para finales de año: la Carrera Solidaria de la Navidad de Cadrete (19 de diciembre), la San Silvestre de la Puebla (26 de diciembre) y ya en plena locura, la San Silvestre Chipranesca, al día siguiente de la Puebla.

En día de la de Cadrete, me levanté con un catarro de impresión. Me enchufé un frenadol, y llegué a sólo 5 minutos de la salida. Como es habitual en mi (hasta ahora, todas las carreras que había hecho eran de más de 21km), me encasqueté mis auriculares con mi música a todo trapo. Dieron la salida, y empecé a correr.

Llevé un ritmo algo más vivo que mi trote cochinero de antaño de 6min/km (es lo que tiene entrenar con tíos). Recuerdo que adelanté a una moza, y creo recordar que me dijeron algo, pero iba a mi bola con la música, ajena a todo. Enfilando ya hacia meta, y en el último metro, la chica a la que había adelantado me adelantó y me ganó. Lo gordo no fue eso, no, lo gordo fue que durante toda la carrera, yo había ido la primera. La primera, válgame. No había mucho nivel, desde luego, pero vamos, que yo lo flipaba.

Recuerdo la risa floja que me entraba cuando tuve que subir al cajón. Un podio, mi primer podio. Vamos, increíble. Lo recuerdo como un momento de felicidad máxima… y me abrió la vena competitiva. Tuve que aguantar una semana de cachondeo por el gesto “dominguero” de llevar auriculares, pero que me quitaran lo bailao.

Llegué a la Puebla con ganas de más. La carrera era por la tarde y eran 5 km (uno menos que en Cadrete). Empecé a correr a ritmo bastante vivo, en la primera vuelta, yo sabía perfectamente que había por lo menos dos chicas delante de mí. En la segunda vuelta, me alcanzó Jorge el heavy. No llevaba ganas de darlo todo… y decidió hacerme de liebre. Enfilábamos la segunda mitad de la tercera vuelta cuando me dijo: “Vamos a pillar a la cowboy”. Y fuimos a fuego durante algo más de medio km. A puto tope, hasta reventar. Lo di todo, madre que si lo dí, me dolía todo, la alcancé, y seguí corriendo a todo lo que daban de sí mis piernas. La última recta fue de infarto, y prácticamente llegamos a la vez. Crucé meta y casi me doblé del dolor que sentía en el estómago. Bienvenido al maravilloso mundo de darlo todo a puto fuego. Al final, quedé tercera de la general femenina. Tercera a un ritmo medio de 4:09min el km. Impresionante.

Y al día siguiente fue la Chipranesca, que organizaba el míster Iván en Chiprana. Fuimos una buena grupeta en el coche, Alfonso Medina de los Corredores del Ebro, Escorihuela e Israel, que también bajaba a entrenar. Risas y cachondeo en el viaje, más los que fueron en otros coches.

 

La mañana era tirando a muy fresca, pero como estaba en modo pro, ya nada de mallas: pantalones cortos, y manga corta. Y fuera cascos, por supuesto. Cuando dieron la salida, vi que tenía a “Mamá Noel” por delante, y Medina me dijo: “Venga, que vamos a adelantarla”. Y la adelantamos. Completé el circuito de 7 km  a un ritmo alegre para mí (no tanto como en la Puebla, desde luego)… y fui la primera de la general femenina. La primera. La mujer que suspendía la Educación Física. Que sufría el test de Cooper. Que no corría una mierda. Que creía tener un ritmo trotón inamovible de 6min/km. Que no se fijaba objetivos. Que iba al tran tran siempre.

En realidad, ya no era por el podio en sí (ni la paletilla que me dieron, jaja), si no el hecho de haber logrado algo que jamás creí a mi alcance (obviamente depende del nivel que haya, pero eso ya lo sé). No me creía tan fuerte. A día de hoy, no me creo tan fuerte. Siempre me he sentido pequeña, siempre me he sentido inferior… y ese día en ese momento me sentí fuerte. Mucho.

Voy a ponerme un poco sentimental, pero tengo que agradeceros a los “andandaeh” en general el haberme convertido en la Vinagre Hansen que soy ahora. Quién me lo iba a decir desde esa TMT del 2014. Las risas y los buenos momentos, las salidas por el monte, las bromas, el “permíteme que insista”, el Tudela, Tudela, de Quique, los audios de Marquitos a horas intempestivas, los últimos km de la mularroya acompañada por Tony y Diego, las cervecicas en el bar Nuri de Cadrete, los interminables calendarios de carreras… Me han ayudado mucho, de verdad. Me han dado vida.

Y por supuesto, al míster. Espero que no se ponga más colorado que su pelo. Sí, a ti, Iván. Gracias por ver el potencial que ni yo misma me veía. Por azuzarme en las series y en los cambios de ritmo. Me han ayudado y me ayudan mucho, también me dan la vida. Es un profe “duro” pero desde luego han servido de mucho todos los consejos y toda la caña de los entrenos. Vaya que si han servido… Y el empeño que he puesto en ello. Muchas gracias.

Inserto cuña publicitaria de que por supuesto podéis veniros los lunes y los miércoles a entrenar. Estaré encantada de veros por ahí. Si yo he conseguido esto en tan poco tiempo… pues imaginad.

Y esto es sólo el comienzo… seguimos sumando.

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