Ultra Trail del Sobrarbe 2014

Autor: 
JORDI
Fecha Cronica: 
28/06/2014
Disciplina: 
Carreras de Montaña

Vaya por delante que esta vez iba preparado. Aceptablemente preparado. El fondo lo había cogido durante los primeros 4 meses del año. La técnica en caminos y el desnivel, los dos últimos. Y excepto por unos pequeños problemas estomacales, la carrera fue más o menos como tenía previsto. Sin embargo lo que no me imaginaba es que el paisaje fuera tan espectacular.

El dorsal se recogía el viernes por la tarde, en la plaza mayor de Ainsa. Ana y los enanos me acompañaron a buscarlo, estuvimos un rato por la plaza, me desearon suerte y se fueron a Tramacastilla para volver al día siguiente a ver mi llegada. Cené con Jorge, su mujer y otra pareja que también iban a correr (César y Cristina). Nos hinchamos a pizza. Creo que la terminé de digerir al día siguiente, alrededor del kilómetro 29.   Dia “D”. 4:15 a.m. Suena el despertador.  Sólo soy capaz de engullir medio bocata de bimbo con nutella, un plátano y nada más. A esas horas tengo el estómago cerrado. Me visto, recojo todo y a las cinco me pasa a buscar Cesar. Nos vamos al pabellón. 5:15 a.m. En el pabellón nos encontramos a un gran grupo de corredores de Zaragoza. Risas, fotos, comentarios… y salimos al campo de fútbol, donde se dará la salida.

Hora "H". 6:00 a.m. Petardazo. Salida. Empezamos a correr, ya con luz de día, y a un ritmo suave y llevadero. Los primeros kilómetros son hacia arriba, no mucho pero hacia arriba. En 10 kilómetros acumulamos unos 600 metros de desnivel positivo, pasando por el Soto, los Molinos y finalmente el Monasterio de San Beturián. Allí está el primer avituallamiento, en el que como en casi todos los que vendrán se nos ofrece  agua, acuarius, cacahuetes, galletas, plátanos y naranjas. Muy completo. Tras una breve pausa, Jorge y yo continuamos y César se queda atrás, con otro grupo de corredores de Zaragoza. Los siguientes 8 kilómetros son más llanos que los anteriores pero con subidas y bajadas. Los realizamos en algo menos de una hora. Otro avituallamiento y empieza la diversión. Ante nosotros la subida al collado del Santo, que cubre 900 de desnivel en apenas 4.5 km. Tardamos 1h20m en subir, y la verdad es que no se hace pesado, ya que a esas horas (no son ni las diez de la mañana) todavía refresca un poco y las piernas no están cansadas. A partir de ese punto y durante las siguientes tres horas y cuarto, vamos corriendo, andando, hablando, disfrutando de un paisaje que a mi me recuerda a muchos sitios por los que he corrido. Me imagino en el bosque del Betato, en la subida al Pacino por Crampas, en La Llacuna bajando del Castell de Vilademager, en las crestas del Infierno… Hay una gran variedad de paisajes, y tengo la sensación de haber corrido por la mayoría de ellos.  Las vistas desde ciertos puntos son impresionantes. De vez en cuando paramos y echamos alguna foto. El entorno lo vale. En el kilómetro 42 está la meta del maratón. Llegamos allí en poco más de 7 horas. Es la una y con el cansancio acumulado, el cuerpo pide comida. En ese avituallamiento dan bocadillos de bimbo con jamón y queso. Cometo “el error” de comerme 3 medios bocatas y 3 vasos de coca-cola (es que entraban de bien…) y empezamos a correr de nuevo.  Delante, 600 metros de desnivel en 4 kilómetros. Y con la tripa llena. Y con las piernas cansadas. La subida es un suplicio, no me encuentro muy católico, pero sigo andando.  Subiendo. Ganas de vomitar, ganas de parar, la típica pregunta de "qué cojones hago aquí"… Supongo que el cuerpo, inteligente que es, me está dando dos opciones: a)      si quieres energía, te paras, me centro en el estómago, digieres lo que llevas dentro y luego seguimos.  b)      si quieres seguir con el esfuerzo, vomita, dejo de digerir, me centro en las piernas y vas subiendo. Pero yo opto por la “c”: No paro,  voy subiendo, no vomito y a ver si cuela.  

Tardamos 1h15 en llegar al collado. Allí como algo más, me paro 10 minutos y recupero. Ya sólo nos quedan 1000 metros de desnivel negativo repartidos en 18 km. Las piernas ya pesan, tengo una ampolla en el meñique del pie que me hace pisar mal y provoca que se me cargue toda la pierna izquierda. De vez en cuando hay subidas “muy cabronas” que no sabemos por que están allí, pero el hecho es que están y hay que superarlas. El terreno es irregular, con piedras, y requiere mucha atención para no darle una patada a una y ver el suelo de cerca. El paisaje sigue siendo espectacular. Muy variado. La Peña Montañesa que acabamos de rodear es impresionante la mires desde donde la mires.

Cuando nos acercamos a Ainsa tenemos dos kilómetros de asfalto que nos sirven para acelerar el paso y sacar las pocas fuerzas que nos quedan ocultas en algún músculo de los que se activa al cambiar de ritmo. Hemos tardado 2h45 desde lo alto del collado hasta Ainsa. En la entrada al campo de fútbol están Ana y los niños esperando, y “Zubi”, un amigo que ha venido desde Lleida para verme sufrir J. También la mujer de Jorge, que con su cámara retrata los últimos metros que reflejan el cansancio y la alegría de de terminar, o mejor dicho culminar, la Ultra Trail del Sobrarbe en 11 horas y 20 minutos. ¡Prueba superada!

En ningún momento me he planteado abandonar. Pero durante algún tramo me planteo seriamente si seré capaz de terminar el próximo reto, el que tengo dentro de cuatro semanas: el Gran Trail del Aneto-Posets. Aquello es infinítamente más duro que lo que estoy haciendo en el Sobrarbe.
Tres días después tengo claro que será difícil, pero no imposible. Como dicen algunos, cabeza... todo cabeza....

con Jorge después de recoger el dorsal. 

con Ana y los peques en la recogida de dorsales

unos cuantos "marcianos" de Zaragoza  (es como nos denomina Ana)

a 10 minutos de la salida

ambiente previo 

César, Manolo (con quien correré el Aneto), Jorge y yo. 

Jorge no pierde el humor en ningún momento

Despacito y hacia arriba

dia despejado, pero no caluroso 

Selfie

a 5 kilómetros de la meta

últimos metros. La peña Montañesa al fondo

la cara lo dice todo...

último control, en meta.  

el mapa

el perfil

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