XIX MEDIA MARATÓN DE ZARAGOZA, from deep inside.

Autor: 
VANESA
Fecha Cronica: 
10/05/2016
Disciplina: 
Atletismo

El pasado 8 de mayo fue la XIX Media Maratón de Zaragoza. Era la cuarta vez que me enfrentaba a esta distancia, y la tercera en Zaragoza.

No lo voy a negar: iba nerviosa a priori. Después de haber hecho un muy buen tiempo (para mí) en Tudela, de 1h 37 min, tenía muchas ganas de dar una nueva vuelta de tuerca e intentar ir a por 1:35:00. El objetivo era complicado, eso me implicaba rodar a 4:30 durante 21 km… y no era sencillo. Pero me hacía ilusión intentarlo, qué cojones. Bendita locura, si salía bien, genial, y si no, pues también.

Llevaba acumuladas en las patas muchas carreras, y cansancio, mucho cansancio. Seguía entrenando con el grupo del pelirrojo dando lo mejor de mí, pero admito que el fijarme un objetivo me ponía taquicárdica. No es para menos: en Tudela fui a lo tonto, y el bocado al crono fue increíble, casi media hora con respecto al año pasado. Esta vez la exigencia era conmigo misma, quería intentarlo. Era complicado, pero quería probar.

La semana previa a la Media iba algo más descansada, con un viaje de por medio, donde pateé mucho pero no corrí. Las patas las llevaba bien, más o menos.

Y llegó el día. Los vaticinios se cumplieron y la lluvia nos estuvo acompañando en los trotes de calentamiento y en gran parte de la carrera. Me hice la foto de rigor con el grupo de gallitos, que es el grupo de entrenamiento, con la camiseta que medio diseñé. Luego me encontré con mis azulillos, íbamos unos cuantos, foto de rigor y algo de trote previo con Jorge el heavy.

Yo no me notaba mal, estaba fresca. Bueno, fresca dentro de lo que cabe, estaba con esa cosa que a los hombres no os pasa, pero con un ibuprofeno, solucionado.

Me situé tras la liebre de 1:35:00, que era Juan Romero. Sé a ciencia cierta que la estrategia del míster era salir conservadora con la de 1:40:00, pero conozco mi cuerpo, y me cuesta horrores remontar. Es algo que aún no he conseguido en ninguna carrera de asfalto. El monte es otra cosa, dependiendo del repecho, pero en asfalto, no lo consigo. Lo intenté en el roscón y no pude. Mi idea era intentar ver qué ritmo llevar, si podía seguirlo, y si no intentar encontrar mi ritmo entre ambas liebres.

Y arrancamos. La fina lluvia empezó a dar un poco por el saco, pero no me encontraba mal. Empecé con ganas, las piernas iban bien, la respiración iba bien. Aflojé para llevar los ritmos que llevaba en Tudela, en torno a 4:38 (que luego resultó ser inferior a la realidad, ya que puse el reloj en modo carrera de montaña, pero bueno, es igual). Iba aguantando, aguantando… Íbamos buena grupeta detrás de la liebre, me desligué. Y aguantando… primera vuelta subiendo el puente de la Unión, y poco a poco concentrada y tirando. La primera vuelta estuve bastante bien, pero en la segunda, cuando me di cuenta de que me alcanzaba la liebre de 1:40:00, vi que estaba perdiendo velocidad, lo cual desmoralizaba. No encontré a nadie conocido con quien engancharme. Oí a la liebre decir que iban un pelín por debajo de su tiempo, así que les seguí. El coco me estaba haciendo de las mías, diciéndome que por supuesto ni de coña iba a mejorar mi marca (de hecho, era lo que iba a pasar), pero animada con los gritos de la gente, seguí dando zancadas hasta la meta dando lo mejor de mí. Justo hacia el final, la mujer que tenía detrás me alcanzó, y con chillidos de ánimo, me dijo que esprintáramos, que ya casi estábamos. Así hicimos las dos, cruzando en meta en 1:40:53, unos tres minutos por encima de mi mejor marca.

¿Sensaciones? La inmediata, que no lo había conseguido. Lo había intentado, pero no había sido posible. Estaba empapada por la lluvia, pero con las patas bastante bien. Luego una vez en casa, me metí a ver las clasificaciones. Vi que a pesar de los pesares, había sido la 38º en la general femenina entre unas 626 féminas.  La 13ª de mi categoría. Yo sinceramente no sé si esto es bueno, o malo, o una mierda pinchada en un palo. El año pasado probablemente fui la 200 y pico o algo así de las mujeres, y a saber qué número en la general. Que si lo pensaba fríamente, si, no lo había conseguido, pero sí, me había superado con respecto al mismo circuito.

¿Reflexiones? Muchas. Llevo dos días largo y tendido pensando en las sensaciones post carrera. Siento que no lo he hecho bien, y a la vez me siento idiota por sentir eso. Me refiero a que si siento que lo he hecho fatal, es como si no tuviera en cuenta la mejora experimentada, en cualquier caso. Luego estuve viendo fotos. Me vi en las fotos, y no me gusté. Se me ven patorracas firmes, sí, pero se me ve muy seria, y muy concentrada. Recuerdo las fotos en las que reía y saludaba a cámara, y esa Vanesita poco o nada tenía que ver.

Me encanta superarme a mí misma. Me encanta haber encontrado la rasmia suficiente para atacar carreras con todas mis fuerzas, e incluso haciendo algún que otro podio en pueblecitos perdidos. Me apasiona correr con mis azulillos, y salir a entrenar con el grupo de pupilos. Pero no me gusta sentirme mal, o amargada. No.

No me dedico a esto profesionalmente. No me va la vida en ello. No me da de comer. Correr es un hobbie y una válvula de escape. Al igual que me gusta dibujar, o viajar. Es jodidamente genial superarme a mí misma, y dar lo mejor de mí, pero me siento cansada. No quiero que sea una obligación, quiero que sea una pasión. Me desborda que estas cosas me entristezcan. No quiero perder mi esencia. Era inmensamente feliz trotando a 6 y cuando mis objetivos eran tan mundanos como “acabar”.

Soy muy exigente conmigo misma, y me está ocurriendo lo que en mi fase de estudiante. Era la típica empollona que se amargaba con los notables, y que nadie aguantaba porque está feo quejarse de un notable cuando hay gente que aprueba raspado (la cura de humildad llegó en la carrera, ¡benditos aprobados!) Pues lo mismo. ¿Qué derecho tengo a decir que es una mierda lo que he hecho, cuando hay gente que ha tardado más de dos horas, y tienen una alegría inmensa? Lo dije en el Facebook: enhorabuena a todos aquellos que se calzaron las zapatillas en un día tan gris para enfrentaros a la media distancia de Filípides, sois todos unos campeones. Y es verdad. Todos tienen sus circunstancias, todos tienen sus retos. Yo me la jugué, a veces se gana, a veces se aprende.

Cada uno se exige más o menos, y al final cada uno compite a niveles diferentes en función de su objetivo, pero no hay que perder jamás la esencia. ¿Por qué empezamos a correr?¿Por qué seguimos corriendo?¿Cómo nos hace sentir? Intentad buscar las respuestad, intentad comprobar si esas respuestas os satisfacen.

Voy a parafrasearme a mí misma cuando Jorge Heavy estaba desanimado después del resultado de la Maratón de Zaragoza de 2015: A mí me pareces un maquinón, aun habiendo pinchado. Es cierto que te lo has currado, y que joroba mucho no lograr tu objetivo, pero nunca nunca nunca debes de olvidar el motivo por el que corres. ¿Para competir? Para disfrutar. Que hay sufrimiento, pero que la satisfacción de cruzar meta es enorme. Logras algo que el común de los mortales como yo sólo sueña... y yo tan feliz con mis 4h14, menudo paquete!!! Sigue así fiera!!! (Que sepáis que me supero a mí misma porque me metí en carreras y me he ido motivando de ver lo que hacéis, que si no seguiría a mi trote borriquero).

No sé en qué momento perdí esa chispa, pero quiero recuperarla. Tengo que recuperarla. Hago las cosas con pasión y emoción, y quiero recuperar las buenas emociones. Está bien ser pasional, pero sin perder la perspectiva de las cosas. Hay muchas carreras que se luchan, claro está, pero no quiero perder la felicidad, la esencia, y los motivos por lo que me puse a correr: porque me hace sentir bien, porque me hace feliz. Cuando te exiges, y si no lo consigues, aparece la frustración, y eso no puedo ser.

Vaya por delante, como diría Jordi, que cuando me preguntó Fran que por qué motivo colgaría las zapatillas, sólo se me ocurrió el tema del embarazo. Pues os digo un motivo más: el día que correr me genere más tristezas que alegrías. Ese día me dedicaré al macramé, a la pesca de trucha con anzuelo artesano, o a hacer cocina de autor… Lo que sea, pero que me haga feliz.

Bastante mierdas hay en la vida como para encima añadir más que no vienen a cuento. Si es que me gusta exigirme, pero que no se me vayan de las manos las sensaciones. Ni por supuesto, que lo anteponga a todo lo demás.

Dicho todo esto (ya llevaba días pensado en ello), gracias por leerme, y sobre todo gracias por siempre animarme. Ha sido un tocho desde las entrañas. No dejéis nunca de disfrutar, que lo demás irá saliendo solo. Voy a seguir siendo Vinagre en fuerza, que no en ánimos. Y sí… ¡¡nos vemos en las carreras!!

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